(En tres Actos)
I
En el cuarto piso de la biblioteca universitaria, observando la revista Variedades del año 1912, Tomás tuvo una idea. Esta sería provocada, desde luego, por su abrumadora y rimbombante teoría del Tiempo. Así las cosas, y a cuatro pisos de altura, decidió salir del establecimiento y buscar una cuadra cercana, para no tener que caminar mucho, y observar –con su cronómetro pulsera- cuanto demora una persona en recorrer una calle.
Sin embargo, encontró un impedimento para su novísima investigación. Tenía que determinar dos cosas esenciales: la edad y el aspecto físico del caminante. Así que extrajo de su morral una libreta y planteó un número específico de personas dables por analizar (fueron seis) y de los rubros siguientes: dos jóvenes, dos adultos y dos ancianos. De ser posible cada uno de estos subgrupos deberían mostrar un varón y una mujer para un excelente –y más conciso- desarrollo de la estadística. Todos los sujetos por investigar, pensó Tomás, deberían poseer un aspecto físico saludable. Acto seguido, se sentó en un muro donde podía vigilar todo el largo de la calle y mientras esperaba empezó a fumar. De pronto, entre el ir y venir de la mano con el cigarrillo, la otra con el lapicero rojo y la libreta apoyada sobre su rodilla en plena concentración extraordinaria sonó el celular y contestó:
I
En el cuarto piso de la biblioteca universitaria, observando la revista Variedades del año 1912, Tomás tuvo una idea. Esta sería provocada, desde luego, por su abrumadora y rimbombante teoría del Tiempo. Así las cosas, y a cuatro pisos de altura, decidió salir del establecimiento y buscar una cuadra cercana, para no tener que caminar mucho, y observar –con su cronómetro pulsera- cuanto demora una persona en recorrer una calle.
Sin embargo, encontró un impedimento para su novísima investigación. Tenía que determinar dos cosas esenciales: la edad y el aspecto físico del caminante. Así que extrajo de su morral una libreta y planteó un número específico de personas dables por analizar (fueron seis) y de los rubros siguientes: dos jóvenes, dos adultos y dos ancianos. De ser posible cada uno de estos subgrupos deberían mostrar un varón y una mujer para un excelente –y más conciso- desarrollo de la estadística. Todos los sujetos por investigar, pensó Tomás, deberían poseer un aspecto físico saludable. Acto seguido, se sentó en un muro donde podía vigilar todo el largo de la calle y mientras esperaba empezó a fumar. De pronto, entre el ir y venir de la mano con el cigarrillo, la otra con el lapicero rojo y la libreta apoyada sobre su rodilla en plena concentración extraordinaria sonó el celular y contestó:
- Aló
- Hola, soy Clara.
- Sí, reconocí tu voz.
- ¿Dónde estás?
- A unas cuadras de la universidad.
- Ven… ¿Nos encontramos en cafetería?
- Está bien.
- Genial… Aún quedan 15 segundos de tiempo…
- …
- Y sabes, quiero verte, ya pensé en lo que hablamos y la verd
En el rostro de Tomás se dibujó una sonrisa. Apagó el cigarrillo contra la suela del zapato derecho y empezó a andar.
II
En un pase peatonal, junto a flores de distintos colores y algunas tiendas elegantes, Tomás se tropezó con un profesor de la universidad. Ambos se disculparon por tamaño descuido -pues nadie tiene ojos en la espalda- y empezaron a conversar. Hablaron del clima y de los cursos que le tocaría llevar a Tomás el próximo ciclo. El profesor le daba algunos concejos generales como el de no faltar a clases o el de mantener un buen comportamiento en el desarrollo de las mismas. Tomás asentía burocráticamente. Luego, quiso hablar sobre el tema de su tesis y el profesor escuchaba con una concentración envidiable.
La tesis que planeaba elaborar consistía en el tratamiento de la noticia ecológica. Si bien es cierto, manifestaba con tono presidencial, el periodista debe resaltar, buscar una manera eficaz para que las personas entiendan los problemas climáticos y debemos, con el poder sin fronteras que posee la prensa, hacer hincapié, penetrar en las mentes pobres de razón, faltos de entendimiento, no podemos permitir que las personas sigan ensuciando la ciudad, las calles, los parques o escribiendo con spray en las paredes.
(En la mente de Tomás suenan unos aplausos masivos y contundentes).
Entonces, en un rato agradable de silencio, el profesor hizo la siguiente pregunta, ¿y cuál es tu fundamentación? Tomás pensó un momento y respondió, irguiendo el cuello como una jirafa excitada mientras jugaba dándole vueltas al anillo dentro del bolsillo del saco, empezaré por explicar de manera general el desarrollo del periodismo ecológico. El tratamiento que se le ha dado a la noticia, la importancia, el impacto social, la rigurosidad. Luego, presentaré las vertientes más utilizadas como el reportaje y el documental –en cuanto a medios audiovisuales- y a lo que refiere a medios impresos las revistas especializadas. Al final, sin obviar la ayuda paulatina e indispensable de las teorías, formular lo que busco descubrir – desenmascarar, propiamente dicho- que hasta hoy todo lo que se ha realizado en cuanto al periodismo ecológico no ha sido de mucha ayuda, no ha abierto ni excitado los ojos de la sociedad.
Tomás se detuvo, parecía cansado de haber hablado tanto y le dijo al profesor, ¿dígame, que le parece? Y él respondió muy ameno; está bien, es un buen tema y debes trabajarlo con mucha energía.
Así las cosas, se despidieron. Tomás se fue feliz, contentísimo, se sentía maravillosamente maduro y el aire que le caía en la cara parecía oxigenar su mente, las flores emanaban sus olores más fantásticos y las tiendas llenas de ese optimismo citadino parecían darle un empujón al futuro. Se sentía un presidente. Más que eso, se sentía realmente El Elegido. Mientras el profesor, caminando algo lento y pesado como un mueble viejo volteo y vio de lejos la silueta de Tomás El Grande que se perdía entre los paseantes con cierto aire místico y pensó, ¡qué iluso!
III
Estaba haciendo el amor con una morena gitana cuando se despertó. Había un hombre de traje elegante sentado frente a él, en el pequeño sofá lectura. Tomás, bastante consternado le preguntó, ¿quién es usted? Inmediatamente después, conciente de haber escapada por última vez de ese sueño anhelante y jadeante, continuó más exaltado ¿qué hace aquí? El hombre de traje elegante se mantuvo inmóvil, esperó un rato mientras observaba la habitación de un extremo a otro -un paneo visual- estiró un poco las piernas hasta chocar nerviosamente con el piso de parqué y miró directamente hacia la cama donde Tomás –en plena consternación- hacía de los gestos una gimnasia rítmica interminable. Después de un rato se levantó, se acercó al escritorio y parecía buscar algo. Tomás preguntó apresurado, ¿qué hace? Y el hombre habló, con cierto grado de inquietud, ¡usted está bajo arresto! Tomás no podía creerlo. Pensó primero en un error, el hombre de traje lo había confundido y probablemente, no sería él el único caso semejante, ya había visto varios en los noticiarios, ¿era cuestión de un homónimo? Después, con cierta claridad, repasó ¿y si es una broma? Pero el hombre elegante estaba bastante asustado y buscaba –más que buscar, husmeaba… Olfateaba- en los papeles del escritorio, en la pequeña libreta de apuntes, en los cajones, en los estantes con libros, debajo de la silla, a ambos lados del sofá lectura y hasta en el ropero (revisando polo por polo, media por media). Tomás permanecía en la cama, desesperado. El hombre de traje movía todo, desordenaba todo, parecía un caballo loco pensó Tomás hasta que lo miró por segunda vez –esta más extensa y sobresaltada- ¿no sabe lo que ha hecho?, ¿no recuerda? Preguntó casi en el éxtasis de sus emociones. Tomás no respondió. Se sentía extraño e imaginó como si estuviese dentro de una gran broma, una estafa, una obra teatral. Reflexionó, ¿de qué estará hablando? El hombre elegante lo interrumpió enérgico, soy abogado y estoy aquí por encargo de su señora madre, se le acusa del asesinato de su hermano Elías David.
Lima, 22 de septiembre del 2008


5 comentarios:
esta muy bueno el texto..un poco oscuro no??
cuidate
Mariafe
Ahora que estas avanzando en tu carrera, vuelas un tanto lejos. No muchos van a comprender este estilo- y no tiene que gustarle a todos- pero sigue pa´lante que es entretenido leer lo que escribes, sin embargo, seria bueno que creas un poco más en ti y te mandes con algo de lo que sé que puedes y quieres hacer.
Arriesgate Lady Oscar
Taque de lady oscar ya te tildan, Hombre-hembra. Ta chevere bacan querido compañero H. Pero lo de los mercados si que es piolísima. Cuando rebuscas en tus propias historias te sale chevere. A ver cuando nos animamos a publicar algo muezcla de pasado punta negra, romina y grace. De todas maneras sale algo bacanísimo.
Suerte y Buena caza.
H, que significa la expresion: les metiste el choclo por las orejas. Hasta ahora no lo se...
Claudia
Ahh cachimbo pasaran los años y si algun día te veo en la calle echo un viejo te gritare a lo lejos cachimboo y te dare un fuerte abrazooo, haya o no haya luna, estes o no estes en un bar, p mi te quedaste en primer ciclo, Como puedes recordar ese día de la luna no vas a negar que era imprecionante, fue la mejor luna que pude ver en mi vida, Martin es de los amigos que de repente aparecía como un loco para contarme algo y hacerme reir, aveces como loco otras profundamente romantico no conmigo siempre con la vida, ama a sus amigos de la infancia, ama la poesía, ama a su madre, es profundamente sincero,, Claro que te tengo cariño, sabes mi mas profundo secreto, es genial verte fumar pero ya no lo hagas...en fin puedo seguir pero es mejor ahi, eres simplemente tu y es permanecer en tu esencia lo que te hara para mi un amigo inolvidable.
Cynthia
Publicar un comentario en la entrada