- Hey, ¿Por qué no le dijeron a la Teresas que venga? – dijo H.
- Para que al final desaparezcan las billeteras – dijo J – no, H, ¡es una chora!
(Casa de Pepe “El Grillo” durante la noche del 23 de mayo del 2009)

Andrea y yo, yo y Andrea. Siempre he tenido simpatía por ella. Conocida en mi barrio bajo el sobrenombre de Teresas. Sospecho, y para esto he realizado una serie de averiguaciones, que el apodo surgió, indudablemente, por las tetas redondas que bailaban zigzagueantes en su pecho.
Corría 1999 y yo, un muchacho atractivo de tercero de secundaria y ella, una chica sexy un tanto menor, bailábamos como trompos todos los fines de semana (viernes y sábados) en las fiestas del barrio. Acompañados de cerveza y ron (más ron) mientras yo y los demás intentábamos con éxito pegarnos lo más posible a sus carnes, para luego, en nuestro domingo de ocio, en plena conversación a todo pulmón poder describir con lujo de lupa lo cerca que estuvimos de tocarle el muslo, una nalga o, lo más escandaloso, una teta. ¿Qué importante puede ser una teta a los 15 años? Y, desde luego, a los 24.
Como decía, en aquel año de 1999, sometido por los descubrimientos apresurados sobre el mundo femenino, los primeros roces entre piel y piel, los pellizcones bajo la luz tenue de una fiesta adolescente y las tres pajas diarias Andrea D'Alfonso y yo nos conocimos. Desde un primer momento me pareció fenomenal, aunque, debo aclarar, no recuerdo haber estado templado de ella. Pero si me gustaba. Diré algo que sonará pretencioso y hasta ridículo, pero de todas las chicas con las que bailé, toqué y me besé, Andrea es una de las pocas que recuerdo. ¿Será porque nunca llegué a besarla? Probablemente. Pero no sería del todo cierto. No sólo por no haberla besado sino, también, por su forma de ser; jovial, ingenua, entusiasta, divertida y tonta. Puedo decir con seguridad de palabra y pensamiento, aunque hoy por hoy todo mi barrio se me tire encima, todos, absolutamente todos, los que la tuvieron y los que no, la deseamos en algún momento. Sobre todo los feos.
Recuerdo una ocasión, sería el 2001 o el 2002, en que la Teresas, mi amigo F y yo fuimos a una reunión. Sólo los tres. F era medio cojudón. Andrea iba conmigo en el asiento trasero del taxi. Estábamos pegados el uno con el otro. Riéndonos y diciendo tonterías. F iba a regañadientes en el asiento del copiloto. Moría de envidia. Llegamos a la reunión. La única de todas a las que fui que no había cerveza ni ron ni nada. Mas que todo una limonada o un refresco en polvo. Las luces encendidas y la mamá de la festejada sentada entre nosotros. Una mierda de reunión. Ni música que provocará ir de cacería. Así las cosas, decidimos los tres ir por unas cervezas al grifo. Llegamos y le dije a F que comprara las chelas. Le guiñé el ojo dándole a entender “demórate un rato”. Se fue. Caminé con Andrea y como quien por distracción terminamos abrazados en un pequeño callejón al costado del grifo. Yo rodeaba su cintura y ella me cogía por el cuello. Frente a frente. Boca con boca. Ella me decía algo cada vez más cerca, yo escuchaba. Luego yo le decía algo más cerca aún y ella escuchaba. Nuestras bocas se empezaron a acercar más y más, dos dedos de distancia, uno, una uña, media uña, un cuarto de uña, nos rozamos levemente casi un piquito cuando F apareció por un extremo diciendo, “H, en Miraflores no venden licor después de las 11”. Pensé en matarlo pero F es más fuerte que yo. Así que me quedé pasmado, mongoloide, le dije que vaya a otro grifo pero contestó iluso “vamos… vamos pe”.
La situación terminó dramáticamente. Nunca conseguimos cerveza. La reunión era a todas luces y con mamá de la festejada sacando a los chicos para que bailen con las chicas. ¿Dónde me había metido? F fue mil veces puteado en mi mente. Andrea D'Alfonso y yo, aunque lo quisimos, no nos besamos. Nunca nos besamos.
Hace unas semanas la Teresas fue detenida y posteriormente encarcelada en el penal de mujeres de Chorrillos, ex Santa Mónica, donde se estima pasará una condena efectiva de 10 años. Ha robado, estafado y suplantado identidad. Los motivos escapan a una comprensión rápida pero, como suelen decir los viejos, cada uno es responsable de sus actos. Sin embargo, cuando un amigo me puso al tanto de ésta noticia me invadió una pena bárbara. Porque es sabido que las personas no sólo tenemos un si o un no. La vida es más amplia y está llena de sucesos. El que esté libre de pecados que arroje la primera piedra. La Teresas es una buena chica, ingenua y divertida, que por un azar extraño prefirió el dinero fácil. Algo tuvo que haber en ella, muy dentro, para que la haga actuar de esa manera. En mi querido barrio todo el mundo dice que la Teresas (mi Teresas) es chora. Yo nunca lo creí y, lo que es peor, no quise creerlo. Siempre deduje que las billeteras perdidas en las fiestas de esos años eran producto de algún borracho de los tantos que había. No pueden culpar a esa muchachita rellenita e inocente. Respuesta: la vida me dio una cachetada. Los muchachos del barrio tenían razón. Andrea D'Alfonso tenía ese problema. Ella, con toda la pena que me causa, ha cometido actos delictivos.
Diítas antes de su arresto nos encontramos en una combi. Justo en la Av. La Molina. Estaba radiante, jovial, ingenua, entusiasta, divertida, tonta y me fascinó. Aprovechamos ese trayecto breve para ponernos al día en nuestras vidas. Le hice varias bromas y le cogí la rodilla. Le dije, además, una infinidad de veces que era mi amor platónico del barrio. De que lo era, lo era. Estoy convencido. Ella jijiji jajaja. No la había visto en mucho tiempo aunque debo confesar que he hablado de ella siempre con los amigos. Intercambiamos teléfonos y correos electrónicos. Tenía una cuenta nueva en Hotmail. Le dije a la Teresas para tomarnos un café y dijo que sí, H, me encantaría. Fijamos el encuentro para el sábado pero un día antes la capturaron.
Lima, 19 de junio del 2009